Sin zapatos
Lávame la cara, madre,
quiero estar guapo.
Y ponme las ropas nuevas.
La camisa blanca bien abotonada
y los calcetines sin remiendos.
El pantalón planchado,
y un jersey, por si el frío
de la tarde.
No me pongas los zapatos,
no andaré demasiado y, además,
me aprietan y hacen daño.
Lávame la cara, madre,
para que padre me vea guapo
cuando me dejes a su lado,
a la sombra del ciprés,
al fondo del camposanto.
Alberto.

