La vela
La pequeña llama de una vela naranja tremula en mi escritorio. Es una de esas pequeñas velas embutidas en un vasito de cristal de reducidas dimensiones. Como si fuera un vaso de licor. La llama esparce una luz mortecina, dulce, casi mística por los alrededores del escritorio. El ordenador se hace humano, mientras la fragancia de la cera quemada inunda los recovecos de la habitación. Las sombras móviles escupen fantasmas por las paredes y en las cortinas... si, sobre todo en las cortinas.
Y son esos fantasmas los que se unen con mi fantasía y copulan desaforadamente, preñando de relatos y poemas mis papeles...

