Infancia...
No hay tardes desapacibles, ni siquiera en pleno invierno, para un niño que sale del colegio. El camino a casa se hace eterno en juegos, en pensamientos (a ese gordo le gano de aquí a la esquina...) y arrecias el paso para llegar antes a la meta ficticia, que siempre puede alejarse un poco si no consigues la victoria al primer intento.
La lluvia juega sobre su pelo a carreras, deslizándose en todas direcciones como las abruptas cataratas de un pais lejano. El paraguas, olvidado adrede en el colegio, porque no es divertido poner límites al juego.
Y al llegar a casa, le riñen, le secan, le dan la merienda y un beso.
¡Hace tanto tiempo ya de todo ésto!


Y sí, hace tanto, tanto tiempo, que parece haber sido en otra vida, en otra encarnación. Parece mentira que esas personitas hayamos sido nosotros... (Comment this)