Navegar
Hay rutas marítimas por las que navegar, mares suaves y placenteros para ser surcados por placer, por trabajo, por pasión. Mares que pueden arbolarse en instantes y que te hacen navegar por las angustias y recuerdos, libros que encienden los faros de sus portadas para hacerte navegar entre sueños.
Se puede hasta navegar por el desierto.
Pero nada como las alas de la imaginación para marcar una ruta con los accidentes que quieras. Navegas entre deseos y haces realidad las carencias. Inventas tierras lejanas a las que llegas en segundos y te integras a capricho entre sus particularidades extremas. Surcas caminos de tierra, de nieve, de agua, de luz y de arena en busca de sueños perdidos en la infancia.
Y tropiezas una y mil veces con la misma piedra. Esa piedra que dejaste señalada para tropezar deliberadamente con ella.
Y se hace duro el regreso a la vida cotidiana.

