Por mi no lo hagas
De verdad, no lo hagas por mi. No hace falta que vengas. Cuando uno exprime su corazón en tinta de palabras no puede pedir que saques un pañuelo para secarlas.
A todo se acostumbra uno. También al silencio...
La palabra alimenta palabras. Los silencios alimentan silencio. Y siempre es mejor callar que pronunciar palabras que alimenten silencios.
Un día cualquiera, una noche cualquiera, callará la palabra olvidando la forma de revertir el proceso. Es lo natural. Y no hay que hacer aspavientos por eso.
Fué palabra... calló y, ahora, es silencio.

