Hay callejones llenos de silencio y avenidas en las que grita en fantasma de la prisa por llegar a ningún sitio. Hay callejones llenos de botellas rotas, papeles, basuras y vidas deshechas por los rincones y hay avenidas llenas de gente de un raro uniforme que corre sin mirar a los lados donde otras personas vuelven de dónde los primeros huyen. También las avenidas están llenas de lamentos que no escucha nadie, no hay botellas rotas que se encargan de recoger los uniformados de turno, ni papeles rotos y zarandeados por el viento, pero siguen llenas de vidas deshechas que corren sin saber a donde lleva el febril torbellino. Hay callejones llenos de desesperanza y avenidas que entregan angustia en cada una de sus bocacalles.
Hay en un callejón un alma enamorada y se hace la luz sobre la ciudad entera aunque nadie se da cuenta en las avenidas en las que siguen corriendo, uniformados, y con los ojos cerrados.
Alberto

