Miedos
Y al final andas a pecho descubierto por cualquier sendero en la sabiduría de que cualquier mal que te aceche siempre será menos peligroso que los que ya pasaste.
Y si no es así... no vale la pena preocuparse.
Ansío ser feliz en las entrañas de la tierra que me vió
nacer,navegar sus mares y ríos
inventar sus árboles, bosques y praderas
para poder enmarcar con todo ello tu rostro
y besarte
Saltar entre charcos por las aceras
chapoteando caminos imaginarios que llenan de pisadas
las largas horas de éste invierno
que amanece día tras día en mi recuerdo
y abrazarte
Soltar palomas al viento del norte preñado de lluvias
y garabatear entre las hojas de papel
mil veces tu nombre enredando con plumas y lápices
coloreando la sombra de los pasados años
y amarte
En mi se ajusta como un cinturón tu recuerdo
y el sonido del trueno estalla frente a mis ojos
empañados por la historia que narra una vida
que inoportunamente lleva el final a destiempo
y añorarte.
Alberto.
Musitando besos a medianoche
en rincones insospechados
de tu cuerpo.
Olores dulces en el amanecer
(a nardos y azaleas, diría Gala)
en los pliegues de la almohada.
Un lugar caliente en el recuerdo
ahí donde no estás, que diría Goytisolo,
contemplando su ángel verde.
Mientras
sigo inventando rincones en tu cuerpo
y fabrico besos dulces
musitando tu insospechado nombre.
Alberto.
Siento el paso del tiempo
enarbolado en aciagos vientos
que anuncian inviernos.
Aún recuerdo el fuego de tu mirada
en los años que carecían de frío
a tu lado...
Todo era primavera,
hasta el día que, buscando el calor,
quise verlo en tus ojos
y bajaste la mirada.
No hay consuelo,
si los hombres no lloran,
hace tiempo dejé de serlo
porque lágrimas me sobran.
Alberto.
Arde la tierra
arde el cielo
en mis oidos
el rumor de una hoja
que cae al suelo
y mientras...
tus labios firman silencio.
Amanece de nuevo.
Tras la noche
la cálida aurora
marca fronteras de sueños.
La luz enmarca el paisaje
que unos ven
y otros no vemos
y mientras...
se oye una nana a lo lejos.
Alberto.
Hay fiesta en tu mirada,
suena alegre la canción del alma,
campanillas,
cascabeles,
rebuscando en tu boca
una sonrisa, un te quiero
y un beso
un beso
mientras vuelan erráticas
millones de mariposas
entre tu pelo.
Alberto
Éste es uno de mis primeros poemas, pero quiero dejarlo aquí como regalo a los que me leéis, con motivo del primer año de éste blog. Gracias por estar ahí.