Minúscula en la mirada
perpleja
afanosa en movimiento
líder de sueños
amante cálida y hermosa
abono de sonrisas
iman de miradas...
así eres, moneda de euro.
Alberto.
¡Jurrr!
Minúscula en la mirada
perpleja
afanosa en movimiento
líder de sueños
amante cálida y hermosa
abono de sonrisas
iman de miradas...
así eres, moneda de euro.
Alberto.
¡Jurrr!
Nieve en la noche de los sueños, letargo de los sentidos que, al alcance de la mano, niegan su esencia a quienes más temen perderla. Posibilidades unívocas de llegar muy lejos y no encontrar nada que valga la pena. Lamentos vacíos de contexto que brotan como arrugas de una mente enferma...
Y vas dejando pasar el fantasma de tu vida arrastrando pesadillas truculentas llenas de fango y cieno.
No ves la luz. No hay luz. La sombra llena los caminos que buscas con la mirada sin atreverte a dar el paso que puede encender la esperanza. Está ahí, pero no puedes verla.
Tiende la mano, quizá algún ente extraño (o que parezca serlo) te tienda la suya. Y abre los ojos, no permanezcas por más tiempo en la nube de los sueños.
"Si me odias, quiero tus palabras. Si me amas, prefiero tus silencios"
Alberto.
Sube,
sube,
alza la mirada al cielo,
sin miedo
(sin miedo)
que la derrota
está en el suelo.
Alberto.
Te escribí una carta de amor y esperé tu respuesta.
A lo largo del tiempo, sólo llegó a mi lado tu silencio. Lo guardé en mi corazón, lo mimé y cuidé tu recuerdo.
Hoy ya no espero carta tuya. Me he enamorado de tu silencio.
Quizá nunca estuve cerca para poder oler mi presencia. Quizá fué solo el paso de los años quién puso su esencia para encarnar la ilusión de mi vida.
Quizá ha sido solo eso.
Pero no por ello desespero de alcanzar, algún día, una identidad. Algo que, aún visto de lejos, enmarque el cuadro de mi existencia. Y aunque resulte retorcido, extraño y deforme, sea una identidad propia a la que agarrarme en los días que me da por mirar para adentro.
Aunque, tal vez, nunca haya estado lejos.
Sonrisa al viento,
calma en la mirada y sosiego,
luz clara en la frente,
simpatía por dentro,
ternura abrazada al recuerdo
que lleva tu cuerpo.
Recuerdo pasado,
recuerdo futuro,
recuerdo que entrelazas con brazos de armiño,
bajando la mirada,
feliz...
mientras la aurora pinta de luz
tus deseos.
Alberto
...me decido a escribir de nuevo.
Ayer fué un día especial. A la amistad se unió la historia, las piedras y el encanto del misterio. Ayer las piedras hablaron de nuevo y me contaron cosas. Aún no han terminado, pero eso no importa. El tiempo es diferente para ellas y, entre susurros y tormentas, siguen un camino especial que las señala y les da el gran valor de ser testigos de la historia. Pero no testigos mudos, sino palpitantes y cargadas de sabiduría.
Ayer Cari aprendió a escuchar a las piedras. Dentro de poco, si se empeña, podrá hablar con ellas.
Ayer también, ma llevaron a un lugar especial. Allí no hablaban las piedras sino que lo hacía la magia del entorno. Esqueletos de muros y columnas entre una cerrada vegetación, asomaban lanzando al cielo trazos de arcos que rasgaban la tranquilidad de la tarde, tiñéndola de un halo de romanticismo gótico. Manolo y Gonzalo, cachaba en mano, fueron guías intrépidos y fiables, apartando cualquier posible estorbo del camino.
Hay que volver y a ser posible contigo, Javier, que a pesar de que no nos conocemos, sabemos lo suficiente el uno del otro como para apreciar una posible empatía.
Y volveremos...