Una mirada en la noche,
calma que llega de lejos
para enredarse entre suspiros
mientras mi mano acaricia tu seno.
Inmortal arrogancia del cielo
que mira descaradamente
y frunce el ceño
envidioso, sin duda, de mi gesto.
Y mientras, nosotros,
cerrados los ojos,
juntos y entrelazados
nos arrojamos a los infiernos.
Alberto.

