El lápiz
Hace ya unos años que hago colección de lápices... o lapiceros.
Cuando miro los diversos tarritos en los que los voy poniendo puedo rememorar los lugares que voy visitando. Ahí están los del hotel de Granada, los de Soria, los de Escocia, los de Ávila, los de el Escorial, los Noris, los Faber (con su verde sugerente), los chinos...
La verdad es que muchas veces pienso que no han caído en buenas manos. El fin del lápiz es padecer tortura a vueltas de sacapuntas e ir perdiendo la goma (los que la tienen) sobre errores en papeles ásperos y así, poco a poco, ir consumiéndose hasta perder su utilidad.
Los míos, la mayor parte, nunca serán utilizados. Al menos por mi. Y no sé a quién puedan interesarle cuando me haya consumido yo y ellos sigan altivos y enteros en sus tarritos.
Pero de ése tema, no voy a preocuparme. Algo harán con ellos, de eso, estoy seguro.


De hecho yo creo que no tengo más que uno, que estará por algún cajón.
Desde que el teclado ha invadido los escritorios, las cosas están cambiando.
Eso me parece a mí.
Tus lápices serán objetos muy valiosos con el tiempo. Guáradalos así de bien. (Comment this)