La paciencia y las piedras
Los que me conocen saben algo de mi pasión por las piedras. En concreto con las piedras medievales, con esos sillares que conforman la mayoría de ermitas e iglesias románicas de los siglos XII y XIII.
Y hoy quiero rendirles un pequeño homenaje. Las piedras hablan, en su cuerpo está escrita la historia que quieren contarnos. Muchas veces esa historia no tiene nada que ver con la de los historiadores, no... ellas tienen su propia historia que contar. En las marcas que dejaron sus canteros (que nadie se pone de acuerdo en qué son), en las representaciones de sus esculturas, hasta en la forma que son colocadas... hablan, si, pero necesitan que alguien las escuche.
Por eso me admira su paciencia. En mi caso, que me vanaglorio de hablar con ellas y escuchar su mensaje, ciertas piedras han esperado durante ocho siglos para susurrarme al oído una serie de conceptos sobre lo que son y representan. Eso es tener paciencia... y aguante, porque estar soportando inviernos y veranos durante tantos años sin caerse para poder dejar un mensaje, tiene lo suyo.
Pero al menos he dajado que me hablen y hasta creo que alguna ha cambiado de semblante al ver que comprendía su secreto.
Alberto.

