Hay días en los que, sin venir a cuento, te odias. Y es muy difícil hacer las paces con uno mismo cuando ni siquiera sabes el porqué de la situación. Aborreces hasta mirarte en el espejo para ver el rostro de quién te hace sufrir. Son tus mismas amarguras las que se reflejan, y te odias mas. Eres incapaz de entablar un diálogo con tu propio yo para dilucidar el arreglar una inquina que no se sabe muy bien de dónde procede.
Al final, te amnistías a regañadientes porque necesitas tus piernas para salir a la calle. Lo que no quita que en los primeros metros tus ojos las miren con un ligero desprecio. Si todo va bien a lo largo del día es muy posible que llegues a ser feliz contigo mismo.


Un abrazo bien fuerte
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