Me acuerdo. Recuerdo aquellos días en los que mirábamos con un poco de envidia e impotencia aquel Austin Halley deportivo que vendían en aquel comercio de vehículos de segunda mano que había casi frente a tu casa. Por lo que pedían por él, debía estar hecho una pena, pero era tan sencillo soñar con poseer semejante artilugio y poder recorrer carreteras insólitas a tu lado… y solos, porque únicamente tenía dos plazas. ¿Te acuerdas?… Ni siquiera teníamos carnet de conducir.
Recuerdo el sonido monótono de la lluvia mientras esperábamos a que llegara la hora de separarnos para ir a nuestras casas, apurando segundos y algún beso. Recuerdo el olor a ciudad mojada, a frío llevadero a tu lado y recuerdo el tacto de tu mano en mi mano. Era fácil vivir y soñar historias a tu lado. Recuerdo la palmera de la plaza aquella que existe aún junto a tu casa. Ya no hay palmera. Ni la plaza parece la misma, pero aún pueden encontrarse por las rendijas del suelo aquellos suspiros adolescentes que cayeron y que no llegaron a dar su fruto más que en el recuerdo
Recuerdo aquel día de Abril que te dije que no podía estar esperándote toda la vida. Y, como siempre, la vida me ha dado la lección de saber que en realidad llevo toda una vida esperándote… Ahora sé que toda esa vida está marcada por el recuerdo.
Y mientras pasa el tiempo, yo sigo rememorando.
Alberto
Foto: Alberto de Quintana






